Una zarzuela en cuadros disolventes

Al escribir la biografía sobre Rosario Soler, embebí las palabras con el espíritu de Cuadros disolventes, tomando como maestro de ceremonias a El Mago Moderno que me guía a través de esta arqueología familiar, un libro cómico-lírico-fantástico-inverosímil escrito en un acto y dividido en tres cuadros: La patita, La Catedral y La Malagueña. La zarzuela que me iluminó se estrenó con extraordinario éxito en el Teatro Príncipe Alfonso la noche del 3 de junio de 1896, considerada por Rosario Soler como su debut profesional con el rol de Susana. Además de una música alegre «de la que se pega al oído», libreto original con lujoso vestuario «que deslumbran con el oro que se ha prodigado en ellos», empleo el atractivo artilugio Cuadros disolventes, ideado por Henry Langdon Childe en 1839, que jugando con dos linternas fundía una vista con otra, logrando gran impacto visual y que reutilizo a lo largo de la biografía para concatenar o trasmutar una imagen a una idea, la idea en sentimiento, para arrastrar al lector en una marea de acontecimientos. El artilugio también anuncia el final de una época y la hegemonía del Cine.

Cuadros_disolventes_Rosario_Soler

La prensa y Cuadros disolventes

En el Príncipe Alfonso han comenzado los ensayos de un apropósito cómico-lírico titulado Cuados disolventes, original la letra de los Sres. Perrín y Palacios, música del maestro Nieto.
Ensayada la obra por sus aplaudidísimos autores y por el director de escena tan inteligente y laborioso como Bonifacio Pinedo; dirigida la parte de esgrima por verdaderos maestros en tal arte, cuales son los señores D. Alejandro Saint Aubin y Mr. León Broutin, y corriendo el decorado a cargo del distinguido pintor Sr. Muriel, es de presumir que la obra se presentará con gran propiedad y arte.
“Teatros”. El correo Militar. Madrid, 9 de mayo de Madrid. 189. 

Con este a propósito empezó la función inaugural, y tan grande fue el éxito que alcanzó, tantos atractivos tiene y condiciones teatrales de tal naturaleza, que seguramente figurará en los carteles toda la temporada y llevará al afortunado teatro Príncipe Alfonso numerosísima concurrencia.
Fulano de tal. “Príncipe Alfonso”. Correspondencia de España. Madrid, 4 de junio de 1896.

(…) muy hábilmente combinados, cuantos elementos pueden distraer y regocijar  constantemente durante una hora larga, a ese público inmenso que tanto gusta de las frívolas diversiones que suelen proporcionarles a los teatros en los que “se rinde culto” al llamado género chico (…) couplets en los que salen a la colada los asuntos de actualidad comentados por el popular Gedeón; un episodio infantil y un desfile militar; un cuadro de baile y otro cuadro de esgrima, y como remate de tantos y tantos alicientes, la apoteosis ¨de rúbrica”.
Anónimo. “Inauguración de la temporada. Cuadros disolventes.” La Época. Madrid,  5 junio de 1896.

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