Rosario Soler

Imágenes de ida y vuelta

Obra coral en tres cuadros, orquestada por la prensa en tiempos de La Belle Époque. Arropado por la tramoya perfecta de familiares y amigos, con el anhelo de regirles en la medida que lo permita la historia pretérita.

La génesis, un adolescente de la década de los ochenta en una casona colonial de la calle Amistad en La Habana. El abuelo mostrándole una revista, Carta de España, publicación nostálgica para emigrantes que con los vaivenes del vivir, dejarían de serlo por la muerte o la inevitable vuelta a casa; en ella un artículo, Postales de ida y vuelta. Imágenes andarinas portadoras de saludos, despedidas y amores, reencarnando sentimientos en un objeto de comu­nicación eterno, mucho más eficaz que el reciente “me gusta” de lo que llamamos “redes sociales”, por donde se escapan todos los peces en cuanto apagamos la má­quina-jaula, la misma que he utilizado como bibliotecaria miope y gruñona para esta zarzuela familiar. En el artículo sobre el origen y desarrollo de la Postal desde su estadio primitivo, el cronista cuyo nombre desconozco, pues he perdido una de las dos páginas, cuenta que un grabador francés, M. Demaison, creó a modo de carta abierta estampas para dar publicidad a su obra, concluyendo el reportaje con la postal moderna en aquellos años ochenta y que ha mutado en la efímera Postal Digital de nuestro tiempo. Pero podríamos remontarnos mucho antes, pues la necesidad de comunicación es uno de los rasgos que nos define como especie. Entre las imágenes de este artículo un pie de foto: «Las tarjetas han reflejado la mentalidad de cada época, llegando a convertirse en verdaderos documentos culturales, sentimentales y emotivos». Señores en un parque quizás hablando de una nueva obra de teatro, vistas de una ciudad moderna con extraña perspectiva surrealista y una Marilyn Monroe estival, mostrando generosa sus pechos provocando oleadas de calor, alegrando algún que otro corazón. Regresa a mi memoria el abuelo, señalando una postal en aquella publicación, elegante con abanico a juego, Rosario Soler en Las Bribonas y un texto:

     Campana, la de la vela;
     Campana que toca a muerto;
     campana para que juntos,
     campana, nos enterremos.

—Mi nieto, Rosario era mi tía, una cupletera famosa.

¿Qué significaba ese extraño sustantivo? Imaginé historias y guardé el artículo junto a otros recuerdos inútiles para ojos ajenos. Ya en los noventa marchamos a la tierra de mi bisabuelo cerrando el círculo infinito, paseando por mi querido Madrid encontré en el mercado de antigüedades de los domingos en la Plaza Mayor una revelación: la cupletera. Donde los amantes de los recuerdos pueden rebuscar aún hoy, entre monedas gastadas, billetes de toda época, sellos de tierras olvidadas, fotos y postales lívidas, soportando las partículas del tiempo, de nuevo la imagen recurrente: Las Bribonas. Ella bailando ya sin el abanico y la leyenda:

     Campana, la de la vela;
     campana que toca a muerto.

Llegué a casa feliz por el hallazgo, se lo mostré a mi abuelo y exaltado dijo:

—¡Fue muy famosa! yo la conocí de niño, cuando viajé con mis padres a Niza.

Intenté en vano que me contara algo más. Como muchas familias de emigrantes, decidieron sus padres dar bruma al pasado para vivir la nueva vida en América y olvidaron reactivar recuerdos. Entonces no lo sabía, pero las candilejas ya emitían una tenue luz.

Quizás imitando a los animales que guardan para el crudo invierno, recopilé misceláneas: recortes de prensa, postales, revistas y rastros a seguir. Trasformado todo en Rosario Soler; primera tiple, una de las grandes junto a Luisa Campos, Úrsula López, Lucrecia Arana, Joaquina Pino, María Palou…; compartiendo escenario con alguna de las nombradas y actuando como pareja escénica de Riquelme, Carrión o Moncayo entre otros muchos grandes de una época dorada. Los tientos de Las Bribonas, El dúo de los patos de La marcha de Cádiz, El pregón de las flores de El poeta de la vida, La Mari Pepa de La Revoltosa, El mozo crúo y el Pregón de Sangre moza, De España vengo de El niño judío, interpretaciones memorables.

En El Heraldo de Madrid, Flores García comenta: «(…) en su cuarto, entre bastidores, donde quiera que se halla, procura Rosario Soler, con su modestia encantadora, su no aprendida ingenuidad y su sencillez nativa, borrar la distancia que existe entre una diosa y unos simples mortales».

Adquirida en internet, llega a finales de julio de 2014 por el correo de toda la vida, otra bella postal iluminada con incrustaciones en tela, la atesoro junto al resto. En mi afán de perseguir senderos, lanzando una red de correos electrónicos con destino incierto, llamadas de teléfono con algún eco tenue, —busco el rastro de una cupletera—, y… un e-mail me llega de la Biblioteca Cánovas del ­Castillo en Málaga: «(…) hemos encontrado seis recortes de prensa que hacen referencia a la cantante. Para la semana que viene los tendremos visibles, así que te avisaré para que los consultes, espero que te sirva. Saludos».

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Me quedo a la espera mientras organizo las misceláneas, releo el reportaje de Carta de España, la pequeña foto que me mira, ella bailando galante, —algo mágico ante mis ojos—, rebusco la postal recién adquirida, ¡es la misma postal de la revista, la original! que como cuadros disolventes, trasmuta, renace. Unos días después recibo el correo con los recortes de prensa, uno me llama la atención; «Recuerdo a Rosario Soler» escrito por Fernando Illescas Rico: «(…) Justo es que tributemos este xxv aniversario de su muerte el sencillo homenaje de nuestra admiración y recuerdos a quien fue tanto tiempo gloria y arte de nuestro lírico y embajadora sin par de esta Málaga de nuestros amores».

Termino el artículo y una sensación me abraza, mi esposa me comenta —Ese señor de la foto tiene rasgos familiares, mira bien.

Vuelvo a dirigir mis ojos, esta vez buscando en el interior de la instantánea. Se llama como mi abuelo y tiene el apellido Illescas, como Rosario. Llevado por la sombra de la sospecha, escribo una carta y de inmediato me acerco a la oficina de correos del barrio, portando junto a ella la remota certeza, mi única oportunidad de hablar con alguien que la conociera en vida. Espero insomne, pasa una semana y veo una llamada perdida en mi teléfono, vuelve a sonar en la tarde el aparato, escucho una voz, dice mi nombre y a continuación —Creo que somos familia, Rosario era mi tía y madrina.

Me cuenta que escribe reportajes sobre la tía Rosario en sus aniversarios y que anhela una calle o una placa con su nombre en la que fue su casa y que no lo ha conseguido. Entre saludos y emociones le digo que me gustaría verlo lo antes posible. Tres días después estoy en Málaga. Abrazos, cafés, una vivaracha niña, una bonita familia andaluza; me siento en casa, rodeado de recortes de prensa y fotos familiares —Tenemos un pariente en Marsella, se llama Ernesto. Lo llamamos ahora mismo.

Después de un cariñoso saludo escucho —Lo que es coincidencia es que vivas en la calle Illescas, ¡un Bustamante!

Es el engranaje que vuelve a girar, me narra con acento andaluz cosas que yo desconocía pero intuía —Mi tía me cantaba por peteneras: «ay niño que en cuero y descalzo, llorando por la calle, ven acá y llora conmigo, alma de mi corazón…»; mi tía me sacó del colegio público y me pagó uno privado, mi madre y yo vivimos con ella hasta que murió. ¿Conoces a Antonio Machín? como mi padre había sido tramoyista de teatro antes de verse obligado al exilio, conocía a casi todos los técnicos y cuando iban artistas a la cuidad de Orán, en Argelia, nos permitían ver entre bambalinas las actuaciones. En una tourné de Machín yo me acerqué y le dije que tenía un tío en Cuba, dueño de un taller de joyería en la calle Aguiar, —hablaba de mi bisabuelo— y Machín exclamó —¡No me digas que tu tío es Eduardo Bustamante! ¿Qué piensas escribir sobre la tía Rosario?
Termina diciendo esta nueva y a la vez familiar voz.

Un diálogo imaginario, estampas que persiguen la nitidez, que reconocen al peregrino amigo, donde la realidad olvidada se reafirmará por el conjuro teatral. Iré a su encuentro, viajando a sus ciudades y escenarios, para disfrutar de historias personales y artísticas entrelazadas, navegando por su singular línea de tiempo, plagada de violetas a su beneficio.

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Alhajero de bronce dorado

Alhajero de bronce dorado. Uno de los obsequios recibidos por Rosario en su beneficio en el Teatro Principal el 19 de enero de 1898.
Colección: Ernesto Narváez Illescas.

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«Pulsera de oro con brillantes y perlas, obsequio de Julián Bustos, reloj de oro y brillantes de Joaquín Olaso, clavillo de oro para sombrero de Miguel Gutiérrez, portamonedas conteniendo una onza de oro americana de Felipe Pérez, juego de prendedores con brillantes de Lupe de A., relicario de oro y plata de las señoritas Peñasco, prendedor de rubíes perlas y brillantes de Guillermo Barrón Jr., dos estatuas de bronce dorado del mismo caballero, prendedor de oro y acero para reloj y flores de fantasía de Lola Sánchez, alhajero de bronce dorado de Violini, juego de plata y acero de Etelvina Rodríguez, abanico de plumas y varillas de nácar de Manuel Morales, artística licorera de M. Z., frasco de perfume dentro de una canastilla de plata de Francisco Gavilanes, gemelos de nácar y oro de C. Renaud, floreros artísticos de porcelana de Concha Garisoain, sombrero para invierno de Guillermo Barron Jr., cojín forrado de peluche rojo con una artística corona de plata cincelada de Manuel Llamesa, valiosa acuarela de E. Mendoza, artística canastilla de Fernanda Rusquella, y otros valiosos obsequios más, contándose entre ellos tres magníficos patos anónimos: unas dormilonas de esmeraldas y brillantes, un prendedor con veinte brillantes y otro prendedor figurando un laberinto con un solitario de gran valor.»

Mañón, Manuel. «Historia del Teatro Principal de México». EDITORIAL CVLTVRA. México, 1932. Acervo del Archivo Histórico EBC (México).

¿Qué ha sido eso de la Soler?

«—¿Qué ha sido eso de la Soler?
—¿Por qué se ha ido Charito del Apolo?
—¿Quién es él?
—Mejor ¿quién es ella?»
Heraldo de Madrid, 1912.

Páginas desdeLa Unión ilustrada. 18-2-1912.jpg

 

Antonio Fernández, administrador de Historia de Málaga, me ha facilitado la consulta de los números de la revista malagueña La unión ilustrada. He encontrado una cubierta del 18 de febrero de 1912 donde aparece como reclamo Rosario Soler, vestida para la zarzuela El poeta de la vida, estrenada la noche del 25 de junio de 1910 en el Gran Teatro. Terminado el contrato, viajó hacia México dónde actuó en el Teatro Principal con gran éxito.

 

 

 

Comedias y comediantes, 15 de julio de 1910.
Biblioteca Nacional de España

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Rosario Soler. Declaraciones Íntimas

—¿Dónde y cuándo empezó usted su carrera artística?
—En Madrid, en el Príncipe Alfonso con Cuadros disolventes.

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—¿Está usted contenta de su profesión?
—Siento un verdadero entusiasmo por el teatro.

—¿Qué obra le gusta más interpretar?

—Aquellas en que tengo mejor papel.

— ¿Cuáles son sus papeles favoritos?

—Los de carácter francés.

—¿Su autor predilecto?
—¡Qué cosas pregunta usted!…

—¿Qué efecto le produce el éxito de una obra?
—Efecto agradable, porque de esa manera tiene vida el arte y los artistas.

—¿Qué flores prefiere usted?
—Me gustan todas; prefiero la violeta.

—¿Qué concepto le merecen los hombres?
—Todos son buenos cuando quiere la mujer…

—¿Qué opina usted del matrimonio?
—¡Mejor es callar!…

—¿Su idea de la vida?
—Muy agradable a ratos.

—¿Su mayor contrariedad?
—La mentira e hipocresía.

—¿Qué me dice usted del amor?
—Nada sé de esto.

—¿Cuáles son sus ideas políticas?
—Ninguna.

Porset, Fernando. «Rosario Soler. Declaracines Íntimas». Eco Artístico. Madrid, 15 de febrero de 1910.

TEATRO DE ESLAVA

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En mi paseo dominical por el Rastro de Madrid, encontré un viejo disco de pizarra con los tientos de la zarzuela El premio de Honor, cantado por Rosario Soler, acompañada de orquesta bajo la dirección de Rafael Calleja, pulsar aquí para escucharlo [>]

Con el título de El premio de honor fue estrenada en la noche del sábado una revista cómico-lírica, libro de D. Celso Lucio, música de los maestros Calleja y Lleó, que fue extraordinariamente aplaudida.
La nueva obrita es una sucesión de cuadros ligeros y chispeantes, que dan pretexto a que las actrices y actores de la compañía, cosechen grandes aplausos, a que los compositores luzcan una vez más su música fresca y retozona y a que Amalio Fernández, el incomparable escenógrafo, alardee del dominio de su técnica acoplando deliciosas decoraciones para tan defectuoso escenario.
Rosario Soler y Pepe Riquelme, fueron los héroes de la jornada.
Al final se presentaron en el proscenio los afortunados autores para recoger los plácemes de la complacida concurrencia.

Diario Oficial de avisos de Madrid.
Lunes 12 de diciembre de 1904.