«La reina mora» Rosario Soler

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Foto: memoriademadrid

Sainete en tres cuadros.
De Serafín y Joaquín Álvarez Quintero.
Música de José Serrano.
Estrenado en el Teatro Apolo el 11 de diciembre de 1903.

¡Pajaritos vendo yo!..
En la rama los cogí,
y uno se murió,
y otro lo vendí,
y otro se escapó,
y otro me comí,
y otro lo siguió…
Los demás pa quien los quiera están aquí…
¡Pajaritos vendo yo!

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La expulsión de la tiple Rosario Soler del Templo del Pilar se debatió en el Senado…

La expulsión de la tiple Rosario Soler del Templo del Pilar se debatió en el Senado como tema de «interés político nacional». Soler había entrado a rezar a un templo con las mangas más cortas de lo que indicaba el decoro.
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«¿Con qué derecho, Sr. Feliú, un canónigo arroja del templo a una tiple?»

La prensa de manera unánime (El Liberal, El Heraldo de Madrid, El imparcial, El Globo, La correspondencia de España…) se puso del lado de la artista. Por ejemplo, El País del día 23 de julio de 1910 publicó:

«Ocasión oportuna se le presentó al canónigo del Pilar para convertir a un alma extraviada en el mundanal ruido, arrancándola de las garras del pecado.
Rosarito Soler acudió a los pies de la Virgen del Pilar, sin duda alguna, para realizar un acto de arrepentimiento por las mundanales tareas artísticas a que viene consagrada por causa de su honrada profesión.
Pudo el canónigo del Pilar estrechar entre sus robustos brazos, sobre su amoroso seno a aquella alma condolida, aprovechando un feliz momento de contrición. ¡Quién sabe si habiendo hecho eso, no habría conquistado un alma para el cielo y una virgen del Señor más para el claustro!
¡Cuánto no habría ganado la causa de la religión si el canónigo hubiese logrado el triunfo del Ángel sobre Satanás, a la eterna Eva sobre la eterna serpiente! Pocas ocasiones como aquella se le presentarán a un ministro del Señor para la conversión de un pecador.
En vez de cantar la profana canción:

Como los railitos del tren
son tu cariño y el mío;
uno va a la venta del otro
too seguío, too seguío.
Campana la de la vela…

Entonaría Rosario Soler en las misteriosas tinieblas del coro, uniendo su hermosa voz a las da otras santas mujeres, aquello de:

¡Corazón santo,
tu reinarás!
Tu, nuestro encanto
siempre serás!

Un excesivo celo perturbó el buen juicio del canónigo arrojando del templo a la popular y honestísima actriz, sin darle tiempo de terminar sus piadosas oraciones y sin devolverle las 500 pesetas que acababa de entregar al templo como donativo a la Virgen; verdad es que las pesetas, vengan de donde quiera, siempre llegan bien con regocijo del que las recibe, aunque sea un santo varón desprendido y generoso».

La más incisiva de las numerosas publicaciones referidas a la expulsión fue «Crónica, religión y moral», publicada en El Globo, Madrid 23 de julio:

«Quede aquí esto, y huélguese Rosario Soler de que los únicos templos que ella debe pisar son los del Arte, y en ellos verá cómo priva por deidad y no por devota que a hocicar en una piedra llena de mugre y babas donde las gentes obscuras se traspasan de unos a otros las lacerías y costras con que les paga el afecto su buen Dios».

«Cuando La Soler cotizaba en bolsa»

Ernesto Narváez Illescas, el primo Malagueño-Marsellés, me ha enviado esta sorpresa hoy: una postal de la Bolsa de Madrid que utiliza como reclamo a Rosario Soler, estaba más cotizada que el buen vino.
Una postal dañada por el tiempo y que no pienso retocar, como tampoco retoqué las fotos, postales y documentos del libro sobre su vida, ya que es imposible que un material de más de cien años esté impoluto.

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